Pablo Jove
Copywriter
Hay un miedo silencioso que se activa cada vez que se acerca una fecha grande: Carnaval, Mundial, Día de la Madre, Black Friday… el miedo a no estar.
El famoso FOMO (Fear Of Missing Out) que nació en redes sociales, hoy también vive en las salas de reuniones. “¿Y si la competencia está?” “¿Y si perdemos visibilidad?” “¿Y si nos quedamos fuera de la conversación?”
Y así empiezan las decisiones reactivas.
No porque la marca tenga algo relevante que decir. No porque exista una conexión estratégica real. Sino porque no estar parece más peligroso que estar sin sentido.
El problema es que el FOMO es una emoción, no una estrategia.
Cuando una marca actúa por miedo, suele hacerlo tarde, rápido y sin profundidad. Se suma a territorios que no le pertenecen. Adopta tonos que no son propios. Invierte en presencia sin preguntarse qué está construyendo.
El resultado casi nunca es catastrófico. Simplemente es irrelevante. Y la irrelevancia sostenida es mucho más peligrosa que la ausencia puntual.
Hay categorías que tienen derecho natural a ciertos momentos culturales. En Carnaval, por ejemplo, las cervezas no están forzando nada: celebran lo que son. Su producto vive ahí. Su promesa se amplifica ahí.
Pero cuando una marca sin vínculo real se mete por miedo a quedarse fuera, no gana conversación. Gana ruido.
El FOMO lleva a pensar que cada evento es una oportunidad obligatoria. Pero la verdadera construcción de marca también necesita renuncias estratégicas. Decir “esto no es para nosotros” es un acto de madurez.
No estar no siempre significa desaparecer.
A veces significa proteger el posicionamiento.
A veces significa concentrar recursos donde sí importa.
A veces significa no diluir la identidad por dos semanas de visibilidad efímera.
Además, hay una verdad incómoda: el consumidor no está pendiente de si una marca participó en cada momento cultural del año. Está pendiente de si la marca le resulta relevante cuando realmente la necesita.
El miedo a no estar suele nacer dentro de la industria, no fuera de ella.
Y quizás la pregunta más honesta no sea “¿qué pasa si no estamos?”, sino:
¿qué pasa con nuestra marca cuando estamos sin sentido?
Porque el FOMO puede llenar calendarios.
Pero difícilmente construye marcas.


