Hay noticias que parecen pequeñas hasta que uno entiende todo lo que simbolizan. Y todos los que nos dedicamos a comunicar y promocionar marcas comerciales lo entendemos de una. Lo vivimos a diario. Lo sufrimos como parte de la cotidianidad. Bueno, en este caso, lo sufríamos hasta el pasado miércoles 27 de mayo, Día de la Madre en Bolivia.
La promulgación de la Ley 1733 y la eliminación de la autorización previa de la Autoridad de Fiscalización del Juego (AJ) para las promociones empresariales probablemente no abrirá los noticieros durante semanas. No provocará marchas ni debates ideológicos. Pero para miles de empresas, emprendedores, publicitarios y profesionales del marketing en Bolivia representa un cambio histórico.
Por primera vez en más de quince años, lanzar una promoción deja de ser un trámite para volver a ser una decisión comercial.
La AJ nació con la Ley 060 de Juegos de Lotería y de Azar, promulgada en noviembre de 2010, y comenzó a operar en 2011. Desde entonces, cualquier empresa que quisiera realizar una promoción con premios, sorteos o incentivos debía atravesar un proceso de autorización previa, presentar documentación, esperar aprobaciones y asumir costos administrativos que, muchas veces, terminaban siendo una barrera para la creatividad y la velocidad de reacción del mercado.
Para una generación entera de publicitarios bolivianos, esa realidad era simplemente «lo normal». Muchos ni siquiera conocimos un mercado distinto.
Aprendimos a trabajar pensando primero en el trámite y después en la idea.
Aprendimos que una promoción podía demorarse semanas por cuestiones administrativas.
Aprendimos que palabras tan comunes en cualquier mercado como «sorteo», «regalo», «premio», «raspa y gana» o «2×1» venían acompañadas de una larga lista de requisitos legales.
Y quizás por eso cuesta dimensionar lo que acaba de ocurrir.
Porque esto no se trata solamente de eliminar un permiso. Se trata de devolverle velocidad a la economía. Se trata de permitir que una pequeña empresa pueda reaccionar ante una oportunidad comercial sin tener que pasar por un proceso burocrático que muchas veces resultaba más complejo que la propia campaña. Se trata de que una marca pueda competir en igualdad de condiciones con mercados donde las promociones forman parte natural de la actividad empresarial.
Se trata, en definitiva, de confiar un poco más en la capacidad de las empresas para actuar responsablemente.
Ahora bien, la pregunta interesante empieza justamente donde termina la regulación.
¿Sabremos trabajar sin ella?
Porque durante más de una década nos acostumbramos a un mercado condicionado por la autorización previa. La creatividad aprendió a moverse dentro de esos límites. Las marcas diseñaron sus estrategias alrededor de ellos. Los departamentos legales crecieron alrededor de ellos. Y ahora, de repente, desaparecen.
Es probable que durante los próximos meses veamos una explosión promocional. Más sorteos. Más concursos. Más descuentos. Más regalos. Más obsequios. Más campañas de «compra uno y lleva otro». Más activaciones que antes simplemente no valían la pena por el costo y el tiempo que implicaban los trámites.
Las palabras prohibidas del marketing boliviano vuelven a estar sobre la mesa.
Y eso parece a priori una gran noticia, pero también implica una responsabilidad.
Porque la ausencia de autorización previa no significa la ausencia de ética. Tampoco elimina la obligación de actuar con transparencia frente al consumidor. El desafío será demostrar que podemos funcionar en un entorno más libre sin convertir esa libertad en abuso.
Los mercados más competitivos del mundo funcionan precisamente porque las reglas protegen al consumidor sin ahogar la iniciativa privada. Bolivia tiene ahora la oportunidad de acercarse un poco más a ese modelo.
Quizás dentro de algunos años miremos atrás y nos sorprenda haber necesitado autorización estatal para algo tan cotidiano como regalar un producto, sortear un premio o lanzar una promoción comercial.
O quizás descubramos que todavía nos cuesta desprendernos de la lógica burocrática que dominó durante tanto tiempo.
Lo que es seguro es que algo terminó esta semana.
Y para quienes vivimos de las ideas, de las marcas y de la creatividad comercial, ese final se parece bastante a un comienzo.
Y una duda que dejamos en el aire: ¿Será que tanta promo (si sucede) se hará a costa de creación de marca? Lo veremos.
En cualquier caso, bienvenidos a una nueva era.
Bye bye, AJ. Nos vemos en la hemeroteca.


